sábado 9 de enero de 2010

EL GRAN PASO

1 Juan 2.13
"Les escribo a ustedes, padres, porque conocen al que es desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les escribo a ustedes, hijitos, porque han conocido al Padre".

Un padre es el que puede engendrar a otros en la fe, y cuidarlos como si fueran sus hijos. Los padres aquí mencionados son los hijos de Dios que han alcanzado madurez. Los padres conocen "al que es desde el principio", porque mantienen una relación y revelación profunda acerca de quién es Dios. Los jóvenes son los que han vencido al maligno. A ellos les gusta exhibir su fuerza, hacer demostraciones de poder, como David cuando venció a Goliat o como Pedro cuando caminó sobre el agua. Y los hijitos, son los que han conocido al Padre. En otras palabras, son hijitos de papá. Papá los cuida porque son indefensos de cuidarse a sí mismos.

Existen ciertas indicadores que nos ayudan a dar ese gran paso de la niñez a la madurez espiritual.

Eres guiado por el Espíritu Santo. Pablo dice en Romanos 8.14 "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios". Aquí se hace referencia a los hijos maduros. Un hijo ya crecido no dice: “Voy a hacer esto... el próximo mes iré allá... voy a invertir en tal negocio”. Él no habla tan libremente, porque tiene otro que lo guía. Tiene a su Señor a quien se sujeta. Él dirá: “Si el Señor quiere... si el Señor lo permite... si el Señor lo confirma”. Un cristiano inmaduro fácilmente rebate las órdenes de Dios, expresa su propia opinión, sigue sus propios caminos y no quiere obedecer. El que es guiado por Dios se caracteriza por la obediencia. Esa es su marca espiritual.

Te rindes al Señor ante cada circunstancia sea buena o mala. Para un hijo de Dios, las cosas no ocurren por casualidad. En realidad, para todos los hijos de Dios es así. Algunos lo perciben, otros no. Los que ven, se inclinan delante del Señor y lo adoran así pasen por momentos difíciles porque entienden que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8.28). Los que no ven, siempre protestan y reclaman. El hijo maduro dice: “El Señor me permite pasar esta prueba… esperaré pacientemente en Él'. Ante las circunstancias adversas, dice: “¿Señor, ¿qué me estás queriendo decir?”. Un cristiano maduro se rinde una y otra vez al Señor. Un cristiano maduro es uno que no batalla contra Dios, sólo sabe humillarse. Se dio cuenta que la voluntad de Dios siempre es buena, y que si viene algún dolor, Dios finalmente mostrará su gloria y propósito.

Cuidas de tus hermanos menores. Una señal de madurez es dejar de caminar solos en la vida para ver por otros. La vida cristiana no acepta solitarios. Efesios 4.2 lo menciona: “Soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”. Los hijos mayores comienzan a ocuparse y cuidar de sus hermanos menores. Quitando la mirada de sí mismo y dejando el ego a un lado. Un hijo maduro en la fe empieza a hacerse cargo de las vidas de otros, a tender la mano a otros. Está para servir y no para ser servido. Ya no quiere ser una carga sino una bendición. Que esta sea una de tus ambiciones santas en este nuevo año.